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En la vereda San Sebastián, del municipio de Ataco, uno de los territorios más apartados del sur del Tolima, la Escuela de Catación Chipaca recibió equipos de laboratorio que fortalecerán la formación de niños y jóvenes. Más que una dotación, esta iniciativa representa una apuesta por el relevo generacional cafetero y demuestra que, a través de la educación, el café también puede sembrar oportunidades y esperanza para la niñez rural .
Ataco, 2 de julio de 2026. En las montañas del sur del Tolima, donde el café ha marcado durante generaciones la vida de las familias campesinas, una escuela está demostrando que el conocimiento también puede cambiar destinos.
La Escuela de Catación Chipaca, ubicada en la vereda San Sebastián de Ataco, nació como un sueño familiar y hoy se consolida como un espacio donde la niñez aprende que el campo también ofrece oportunidades para crecer, innovar y construir futuro.
Mientras muchas zonas rurales enfrentan el desafío de que las nuevas generaciones abandonen las fincas, en este rincón del departamento ocurre lo contrario. Decenas de niños y jóvenes se forman en procesos como la recolección, fermentación, almacenamiento, análisis físico, tostión, barismo y catación, descubriendo que detrás de cada taza de café existe conocimiento, ciencia y valor agregado.
La historia comenzó con una idea sencilla, pero profundamente transformadora. Silvia Giraldo Ruiz y su esposo decidieron abrir las puertas de su experiencia para compartir con los niños y los productores los conocimientos que habían adquirido a lo largo de los años.
“Fue un sueño que tuvimos junto con mi esposo en querer compartir los conocimientos con los niños y con los productores. Queríamos enseñar todo el proceso del café, desde la recolección hasta la catación” Afirmó Didier Giraldo Ruiz , profesor de la escuela .
Ese sueño recibió un nuevo impulso con la entrega de equipos de laboratorio, herramientas que permitirán fortalecer la formación práctica de los estudiantes y facilitar el análisis de la calidad del café producido en las fincas de la región.
Sin embargo, el verdadero alcance de este proyecto va mucho más allá de la tecnología. La Escuela de Catación Chipaca representa una respuesta a uno de los mayores retos del sector cafetero: garantizar el relevo generacional. Allí, los niños no solo aprenden un oficio, sino que descubren que el café puede convertirse en una oportunidad de vida, permitiéndoles valorar su territorio y encontrar razones para permanecer en él.
En una región que durante años fue más conocida por las dificultades que por sus oportunidades, hoy empiezan a florecer historias diferentes. En la vereda San Sebastián, la educación se convierte en una herramienta para fortalecer el arraigo, impulsar la innovación y demostrar que el desarrollo también puede nacer desde las zonas más apartadas.
Porque cuando un niño aprende a identificar los atributos del café que cultivan sus padres y abuelos, también fortalece su identidad, comprende el potencial de su tierra y empieza a escribir una nueva historia para el campo.
La Escuela de Catación Chipaca es hoy mucho más que un espacio para aprender sobre café. Es un lugar donde se cultivan sueños, se forman los futuros líderes del sector cafetero y se confirma que invertir en la niñez rural es sembrar el futuro del Tolima.

